domingo, 5 de agosto de 2007


Espectador estafado Hace unos días atrás pude ver por el canal por suscripción TCM, Ocean’s Eleven, la película que en 1960 dirigió Lewis Milestone y que en este desastroso (en lo político y también en lo cinematográfico) tercer milenio llevó a los ejecutivos de la Warner a crear una penosa franquicia de aquel encantador original sobre un grupo de carismáticos y sofisticados ladrones que se reúnen para dar el gran golpe en Las Vegas, es decir, para vaciar las arcas de algunos de los más exclusivos casinos de ese oasis de de luces de neón enclavado en el estado de Nevada.Pero si bien Frank Sinatra, Dean Martin, Sammy Davis, Jr., Meter Lawford y Cesar Romero comparten, a su manera, los encantos (solamente físicos, puesto que en materia de capacidad interpretativa habría mucho que discutir) de sus homólogos George Clooney, Brad Pitt, Mattt Damon, Don Cheadle y Casey Affleck, la diferencia fundamental entre la comedia policial de hace casi cinco décadas atrás y Ahora son 13 (Ocean’s Thirteen, 2007), tercera entrega de una franquicia que se inició con Ocean’s Eleven (2001), siguió con Ocean’s Twelve (2004) y ya ha comenzado a dar muestras de ir en franca decadencia, es simplemente numérica. Nada más.Ahora hay más actores, más escenas efectistas, más carisma prefabricado, más bombardeo publicitario, más casinos, más botín, más artilugios tecnológicos, más dinero (claro, hay que incluir el sueldazo que debe haber cobrado un Steven Soderbergh que a la luz del presente pareciera que jamás pudo haber realizado Sexo, mentiras y video)… pero el mismo núcleo argumental, con algunas variantes de forma mas no de fondo.El error en el que han incurrido los guionistas Brian Koppelman y David Levien es que, dada su flojera mental, olvidaron que el público ya conoce a los personajes centrales de la historia que, repito, se mantiene inalterable en su esencia. Por ello, la primera parte de Ahora son 13, en la que son presentados los personajes y los detalles de la estafa que éstos cometerán, resulta además de excesivamente larga, tediosa por predecible e insoportable por pedante.Lo que sigue luego es la consumación del hecho, al que se le interpone el escollo de una víctima de cuidado, que encarna Al Pacino sin la entrega a la que nos tiene acostumbrados.A sus 44 años y a estas alturas de su carrera, Steven Soderbergh ya no debería tener que vender su alma al mejor postor para llenar su caja fuerte de billetes verdes con la cara de Washington. Aún está a tiempo de volver a ese cine personal y profundo que lo colocó en el panorama artístico mundial de finales de los años ochenta. Cuando salí de la sala de cine a la que fui a ver Ahora son 13, me sentí como un espectador estafado..

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